domingo, 28 de agosto de 2011
La noticia que sacudió al país el viernes pasado sin duda alguna es lamentable pues costó la vida a por lo menos 50 personas, según las cifras manejadas en algunos medios de comunicación; sin embargo, debemos cuestionarnos cuál es la trascendencia de un evento como el acontecido en Monterrey.
Sin pretender dar una postura fría que no considere el dolor por el que pasan tantas familias mexicanas en estos momentos tan difíciles, encuentro un gran número de irregularidades que me llevan a sostener una hipótesis que por fantasiosa que parezca no me cabe la menor duda de que se puede esperar eso y seguramente aún más de nuestro "gobierno".
Cabe señalar que el vídeo que encontré en una red social vino a apoyar mi hipótesis y a la vez esclareció muchas de las dudas que tenía. En primer lugar la duda que me surge es porque en las imágenes que circularon por los medios de comunicación se ve que el "ataque terrorista" se perpetró en menos de 5 minutos y en ningún momento se aprecia que hayan entrado al lugar con armas de grueso calibre, sino que sólo se ve que incendiaron la entrada del mismo, pero entonces ¿por qué la gente que estaba al interior no pudo escapar en los minutos siguientes si, como se supondría, debería haber salidas de emergencia?, ¿por qué no se observa atención policial si como se observa en el video había patrullas a unos metros?, y sin afán de ofender la memoria de los deudos, ¿por qué por la muerte de 50 muertos se decreta luto nacional cuando han muerto 50,000 personas más?
Es una reflexión que dejo abierta y que debemos tener presente porque representa el peligro de que se incremente la violencia con la que operan las fuerzas armadas en nuestro país usando como argumento este ataque tildado de terrorista, que si bien es condenable, no debe confundirnos para exigir el alto a una guerra que nunca debió comenzar.
El pueblo mexicano está vivo y en proceso de despertar.
sábado, 27 de agosto de 2011
FCPyS: 60 años de formar científicos sociales para el país
La generación que este verano de 2011 ha comenzado su recorrido en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México constituye una generación especial pues es la sexagésima que tiene el honor de formar parte de tan honorable institución.
Tuve la fortuna de estar presente en la bienvenida que se dio a los alumnos de nuevo ingreso y pude con ello corroborar el porqué de su fortuna. Carmen Aristegui, una reconocida egresada, fue la encargada de dirigir unas palabras a los presentes y si bien se podría asumir a priori que el mensaje de Aristegui sería elocuente, éste me hizo reflexionar sobre la situación por la que atraviesa nuestra querida Facultad después de 60 años de vida.
En primer lugar y con tristeza reconozco que nuestra Facultad representa, a más de 100 años de la fundación de la Universidad Nacional, el único centro de conocimientos que, por su envergadura, se encarga del estudio de las ciencias sociales en el país, lo cual la inviste de una gloria particular aunque esto la ha convertido a su vez en el blanco de ataques de diversos intereses particulares que buscan desacreditarla. Nadie se atrevería a afirmar que en la Facultad y la Universidad no existen problemas y que éstos son difíciles de resolver, sin embargo, la propia esencia de los valores que la sustentan hace que sea una labor compleja y que debe llevar a debates profundos en aras de una solución pronta.
Retomando el mensaje de Aristegui, la cual comentó que la formación de científicos sociales está inmersa en un contexto nacional que no se puede eludir, me hizo reflexionar en la riqueza de esta institución, donde una de las grandes características que distingue a nuestra facultad es que representa a la sociedad que le da vida, es decir, dentro de esta institución se encuentra representada lo que es la sociedad mexicana, con sus aspectos destacables pero también con aquellos que lastimosamente no lo son, tal es el caso del comercio informal, la corrupción, el tráfico de influencias, la delincuencia, los problemas de salud pública, etc. todo ello está presente, sería un error tratar de encubrir esta realidad, pero lejos de avergonzarnos por esta situación debemos centrarnos en ser motores de cambio, lo que pasa en este rincón del país no es sino un reflejo de lo que sucede en todo México pero corresponde a nosotros, científicos sociales en formación, saldar esa deuda que tenemos con el país.
Sin un afán despectivo, se debe señalar que las condiciones en las que se encuentran otros centros de enseñanza del nivel superior son de un ensimismamiento, que parecieran ser un reflejo de la realidad que no corresponde a nuestro país, están en burbujas impermeables a todos los problemas que tiene la sociedad mexicana, como si lo enunciado anteriormente fuera un caso excepcional y no una realidad.
La Facultad tiene muchos pendientes que resolver y debe mejorar en muchos aspectos, pero sólo mientras estemos conscientes de que corresponde a nosotros, los estudiantes, contribuir a cambiar la situación del país es que haremos de esta Universidad y de este país un lugar distinto.
¿Qué sería de nuestra facultad si no constituyera un botón de muestra de lo que es el país?
¿Cómo cambiar la penosa realidad nacional si no comenzamos por la educación?
¿A quién corresponde, sino a nosotros, ser los actores del cambio, siendo los pocos privilegiados que en este país de desigualdades tenemos acceso a la educación?
Por mi raza hablará el espíritu
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